La Visión Intuitiva en la fábula del anciano y la suerte
La historia del anciano labrador y su “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”, nos invita a una reflexión profunda que nos ayuda a conectar la filosofia de oriente con la esencia de la Visión Intuitiva, la capacidad de ver más allá de nuestros ojos físicos, de lo inmediato, de lo aparente, y aceptar lo desconocido con serenidad.
Esta intuición nos enseña a no juzgar cada evento de manera aislada, sino a permitir que el tiempo revele el verdadero sentido de las experiencias que vivimos y de aquello que recibimos…
“Una historia china habla de un anciano labrador, viudo y muy pobre, que vivía en una aldea, también muy necesitada.
Un cálido día de verano, un precioso caballo salvaje, joven y fuerte, descendió de los prados de las montañas a buscar comida y bebida en la aldea. Ese verano, de intenso sol y escaso de lluvias, había quemado los pastos y apenas quedaba gota en los arroyos. De modo que el caballo buscaba desesperado la comida y bebida con las que sobrevivir.
Quiso el destino que el animal fuera a parar al establo del anciano labrador, donde encontró la comida y la bebida deseadas. El hijo del anciano, al oír el ruido de los cascos del caballo en el establo, y al constatar que un magnífico ejemplar había entrado en su propiedad, decidió poner la madera en la puerta de la cuadra para impedir su salida.
La noticia corrió a toda velocidad por la aldea y los vecinos fueron a felicitar al anciano labrador y a su hijo. Era una gran suerte que ese bello y joven rocín salvaje fuera a parar a su establo. Era en verdad un animal que costaría mucho dinero si tuviera que ser comprado. Pero ahí estaba, en el establo, saciando tranquilamente su hambre y sed.
Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para felicitarle por tal regalo inesperado de la vida, el labrador les replicó: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y no entendieron…
Pero sucedió que, al dia siguiente, el caballo ya saciado, al ser ágil y fuerte como pocos, logró saltar la valla de un brinco y regresó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, éste les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y volvieron a no entender…
Una semana después, el joven y fuerte caballo regresó de las montañas trayendo consigo una caballada inmensa y llevándoles, uno a uno, a ese establo donde sabía que encontraría alimento y agua para todos los suyos. Hembras jóvenes en edad de procrear, potros de todos los colores, más de cuarenta ejemplares seguían al corcel que una semana antes había saciado su sed y apetito en el establo del anciano labrador. ¡Los vecinos no lo podían creer! De repente, el anciano labrador se volvía rico de la manera más inesperada. Su patrimonio crecía por fruto de un azar generoso con él y su familia. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su extraordinaria buena suerte. Pero éste, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y los vecinos, ahora sí, pensaron que el anciano no estaba bien de la cabeza. Era indudable que tener, de repente y por azar, más de cuarenta caballos en el establo de casa sin pagar un céntimo por ellos, solo podía ser buena suerte.
Pero al día siguiente, el hijo del labrador intentó domar precisamente al guía de todos los caballos salvajes, aquél que había llegado la primera vez, huído al día siguiente, y llevado de nuevo a toda su parada hacia el establo. Si le domaba, ninguna yegua ni potro escaparían del establo. Teniendo al jefe de la manada bajo control, no había riesgo de pérdida. Pero ese corcel no se andaba con chiquitas, y cuando el joven lo montó para dominarlo, el animal se encabritó y lo pateó, haciendo que cayera al suelo y recibiera tantas patadas que el resultado fue la rotura de huesos de brazos, manos, pies y piernas del muchacho. Naturalmente, todo el mundo consideró aquello como una verdadera desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. A lo que los vecinos ya no supieron qué responder.
Y es que, unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Pero cuando vieron al hijo del labrador en tan mal estado, le dejaron tranquilo, y siguieron su camino. Los vecinos que quedaron en la aldea, padres y abuelos de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia una guerra que, con mucha probabilidad, acabaría con la vida de muchos de sus amigos. A lo que el longevo sabio respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!».”
Intuición y Visión Extraocular: Más Allá de las Apariencias
La Visión Intuitiva nos permite percibir la realidad que nos rodea de una forma que no pensamos antes que fuera posible. Y no solamente es ver sin los ojos. Es esa sabiduría interna que nos invita a soltar el control y fluir. Esto nos lleva a tener una mente más abierta, y abrir nuevos paradigmas expandiendo nuestra percepción y consciencia, guiándonos hasta los cambios necesarios para llevar una vida más alineada con nuestro interior, con lo que nos conecta y hace realmente vivir con plenitud.
La relación de la fábula con la Visión Intuitiva y Extraocular
La Visión Intuitiva y Extraocular son unas herramientas que nos ayudan a entender que cada información que recibimos, cada corazonada o cada acontecimiento tiene un propósito. Y que:
Lo que hoy parece un obstáculo, mañana puede convertirse en una bendición.
En la historia, el anciano representa esta capacidad de percibir la vida sin resistencias ni prejuicios, comprendiendo que cada experiencia se conecta a una red de significados que solo el tiempo puede revelar.
La Visión Intuitiva y Extraocular en esta historia la encontramos como un recurso que nos guía para no dejarnos llevar por juicios inmediatos.
Vivir con una Mente Abierta y Confiar en la Intuición
Así, esta fábula nos recuerda la importancia de cultivar una Visión Intuitiva en nuestra vida, de confiar en lo que no entendemos del todo y de vivir con una mente abierta. Porque, tal como el anciano enseña, el verdadero secreto está en aceptar la incertidumbre y abrazar la vida con la profunda sabiduría de que, en última instancia, el sentido de los acontecimientos no siempre está a la vista.
Como el anciano, la Visión Intuitiva nos recuerda que el verdadero secreto está en aceptar lo desconocido, confiando en que cada experiencia en la vida tiene su sentido, aunque no siempre esté a simple vista.
Se veía venir – El saber popular y la intuición