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Una capacidad que se despierta cuando se entrenan, juntos, cuatro pilares.
La visión intuitiva, también conocida como visión extraocular o VEO, es una capacidad que permite percibir el entorno sin usar los ojos físicos. Se ha estudiado y practicado en contextos muy distintos, y desde el Instituto de Visión Intuitiva, Intuitu, os contamos cómo funciona a partir del marco teórico que hemos ido desarrollando.
Desde nuestra experiencia, esta capacidad se desarrolla cuando se entrenan bien cuatro pilares:
La capacidad de ver sin los ojos no se manifiesta igual en todo el mundo. Cada consciencia tiene su propio camino y su propio ritmo para despertar estas habilidades, y cada persona se encuentra con retos distintos en el proceso.
No se puede acompañar igual la visión extraocular de un adulto que nunca ha meditado o que vive con estrés, que la de un niño con miedo a la oscuridad. Tampoco a alguien a quien le falta confianza en sí mismo, que a alguien a quien le cuesta visualizar.
Desarrollar la intuición pide un acompañamiento individualizado. No hay un método universal que sirva para todos, porque:
Los niños suelen conectar con más facilidad con estas capacidades porque están más cerca de su configuración original. Con el tiempo y las experiencias, los adultos nos alejamos de ese estado natural, y por eso nos cuesta más reconectar con nuestras intuiciones.
El objetivo no es solo despertar la capacidad de ver sin los ojos, sino volver al centro: a ese equilibrio interior que nos deja conectar con claridad con nuestras intuiciones. Ese regreso tiene efectos muy concretos en el día a día:
Volver a la configuración original, soltando creencias limitantes y abriendo la puerta a otra realidad, es lo que permite que la visión intuitiva y extraocular se desarrolle también en adultos.
En lugar de seguir estrategias fijadas de antemano, en Intuitu nos guiamos por la observación y la intuición para ver qué pilar necesita más atención en cada participante. Así podemos usar las herramientas que mejor encajan en cada caso.
Profundiza
La intuición es el primer pilar de la visión intuitiva: la capacidad de percibir información de forma directa, sin que intervenga el pensamiento racional. Todos los seres humanos la tenemos, pero a menudo está dormida por falta de uso. Desarrollarla supone aprender a confiar en las corazonadas y en ese conocimiento interno que aparece de forma espontánea.
Entrenarla puede incluir la meditación, la respiración, la observación consciente y ejercicios pensados para estimularla. Al fortalecer la intuición se abre la puerta a percepciones que van más allá de los sentidos físicos, y se accede a la información de forma más rápida y precisa.
El segundo pilar es la capacidad de visualización, lo que llamamos la «pantalla mental»: la habilidad de crear y manejar imágenes mentales con claridad y detalle.
Visualizar es una herramienta poderosa para la creatividad y la memoria, y también para desarrollar la visión intuitiva. Esa pantalla mental es el punto de partida desde el que se proyectan intuiciones y percepciones más allá de lo visible.
En Intuitu trabajamos con cinco categorías de ejercicios, y en cada una hay decenas de propuestas para potenciar la visualización: ejercicios con postimágenes, trabajo con imágenes estereoscópicas o ejercicios para activar esa «pantallita mental», que no solo sirve para abrir la visión intuitiva sino también para usar la intuición ampliada, otra capacidad de la que hablamos en su propio artículo.
El tercer pilar se centra en las creencias limitantes y los obstáculos internos que pueden frenar el desarrollo de la visión intuitiva. Las creencias limitantes son ideas preconcebidas sobre nuestras capacidades que recortan nuestro potencial. Pueden venir de experiencias pasadas, de condicionamientos sociales o de la falta de confianza en uno mismo.
Para superarlas hay que identificarlas y trabajar activamente en ellas. Eso puede incluir afirmaciones positivas, terapia cognitiva y la práctica de la autorreflexión para reprogramar la mente y abrirse a nuevas posibilidades. Al soltarlas, se accede a niveles más profundos de percepción y de conocimiento.
En Intuitu tenemos distintas herramientas para acompañar a cada persona a superar esas heridas, creencias u obstáculos y a encontrar su propio empoderamiento.
En este pilar, hay personas que viven un cambio tan grande después de hacer las sesiones de visión intuitiva que nos recuerda el verdadero motivo por el que las recomendamos. Tener un espacio para trabajar el mundo interior y sanar aspectos que ni siquiera sabíamos que nos estaban afectando es una liberación y un universo nuevo de posibilidades, tanto si la persona acaba «jugando» a fútbol con un antifaz como si solo llega a ver colores con él puesto.
El cuarto pilar es la energía, entendida como la fuerza vital que fluye a través de nosotros. Se podría explicar desde muchos ángulos: desde lo que cuentan las filosofías orientales hasta los biofotones que describió Fritz-Albert Popp.
Pero creemos que se entiende mejor desde lo cotidiano. Hay personas que han visto sin los ojos muchas veces y un día, de repente, no ven nada. ¿Por qué? Porque quizá ese día están incubando una gripe, tienen unas décimas de fiebre, vienen de una semana muy estresante o han tenido un bajón emocional por una discusión o por cualquier cosa que las ha alterado.
Cualquier situación que afecta a nuestra parte física, psíquica o emocional tiene un efecto inmediato en esta capacidad. Si queremos reunir las condiciones ideales para ver sin los ojos, tenemos que poner consciencia en cómo mantener la energía en buen nivel y cómo armonizarla. ¿Y cómo se hace?
Cuidando los horarios de descanso, respetando en lo posible (sin obsesionarse) los ciclos circadianos, evitando las pantallas antes de dormir, comiendo lo más ecológico posible y aprendiendo a respirar conscientemente y a usar técnicas para regular el estrés y el estado emocional.
La visión intuitiva pide práctica constante y que los cuatro pilares trabajen juntos: intuición, visualización, creencias limitantes y energía. Cada pilar refuerza a los demás, y entre todos forman una base sólida para que la capacidad se despierte.
Un enfoque completo podría combinar meditación diaria para la intuición, ejercicios de visualización para la pantalla mental, trabajo interior para soltar creencias limitantes y prácticas energéticas para ganar sensibilidad y receptividad. Con tiempo y dedicación, es posible desarrollar la visión intuitiva y acceder a una forma de percibir que amplía la comprensión del mundo y de nosotros mismos.
Para empezar a practicar en casa tienes estos ejercicios de visión extraocular paso a paso. Y si te interesan las raíces de todo esto, lee el origen de la visión extraocular.
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Ver las sesiones 1:1Desde nuestra experiencia, se desarrolla cuando se entrenan juntos cuatro pilares: la intuición, la capacidad de visualización (la «pantalla mental»), soltar las creencias limitantes y la bioenergía. Cada pilar refuerza a los demás.
El neurocientífico Jacobo Grinberg investigó esta capacidad en los años 80 y 90 y popularizó el término «visión extraocular». Te contamos su trabajo en Jacobo Grinberg y ver sin los ojos y qué pasó en su experimento con niños.
Porque están más cerca de su «configuración original»: juegan, no se juzgan y confían en lo que perciben. Los adultos nos alejamos de ese estado con los años, y por eso nos cuesta un poco más reconectar con la intuición.
No es imprescindible, pero ayuda mucho. La meditación y la respiración calman la mente y nos ponen en un estado más receptivo, que es donde la intuición aparece con más claridad.
No. Cada consciencia es única: cada persona parte de un punto distinto y percibe a su manera. Por eso en Intuitu acompañamos de forma personalizada y miramos qué pilar necesita más atención en cada caso.
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