Fragemento del libro VER SIN LOS OJOS ES POSIBLE
CAPÍTULO VI
ESTUDIO DE CASOS PRÁCTICOS Y EXPERIENCIAS CON PERSONAS CON CEGUERA
¿Qué mejor que para ir terminando el libro que ilustrar estas experiencias con distintos casos? En este apartado contaremos algunas anécdotas que tienen como fin entender cómo resulta la Visión Intuitiva para algunas personas y ver qué beneficios conlleva. Todos los nombres usados van a ser cambiados para respetar la identidad de los participantes, excepto en el caso de las personas con ceguera, que como veremos, accedieron a dar su testimonio en videoconferencia.
1. EXPERIENCIAS DE TÀNIA ACOMPAÑANDO PERSO- NAS CON CEGUERA
Es fascinante haber podido acompañar a estas personas a abrir su Visión Intuitiva, y realmente la parte emocionante es poderlo compartir, que se conozca, y que cada vez más personas vean que esta capacidad existe y que está ayudando a mejorar nuestra vida.
Y en el caso de las personas con ceguera, los avances son indis- cutibles. Vamos a detallar distintos casos.
Fiorella – Adulta / Acompañante: Tània
Una de las primeras personas con las que trabajamos fue Fiorella. Sentía que yo misma tenía mucho que aprender, era la primera vez que hacía una sesión con una persona con ceguera. A pesar de esa inseguridad propia, a medida que íbamos haciendo más sesiones e iban pasando las semanas, cada vez tenía más ganas de que llegara el día de su sesión.
Fiorella es una persona encantadora, amorosa y comprensiva, un poco tímida y con muchas ganas de aprender, de mejorar, de crecer personalmente. Además, acudió a las sesiones simplemen- te dejándose sentir, sin expectativas o juicios, sino probando y di- virtiéndose. Y seguramente esas ganas, esa motivación y esa ale- gría interna fue lo que la ayudó a desarrollar la Visión Intuitiva.
Ella nació con una malformación congénita y quedó ciega a los 14 años. El hecho de haber visto previamente es algo que sin duda ayudó, ya que ella tenía como una base de datos ya guar- dada con toda la información visual. En su vida había podido ver colores, formas, letras y números…
Y cuando empezamos las sesiones, me sorprendí con lo rápido que aprendía. Ella empezó a acertar, al principio sin ver, lo que había en las tarjetas. Y al cabo de unas sesiones, podía leer de forma borrosa algunas letras y números. Como ella dice, cuando tuvo la seguridad de que lo que estaba diciendo tenía sentido, cada vez tenía más y más confianza, lo que hizo que avanzara más rápidamente.
Esto mismo nos ocurre a todos, cuanta más confianza tenemos en nuestra capacidad de intuición, más rápido avanzamos.
En una de las sesiones ocurrió algo bien curioso, que se ha vuelto a repetir a modo de prueba con otras personas y se ha confirmado. Hubo un día que nos comentó que era como si todo lo que per-
cibía lo estuviera viendo detrás de una cortina negra, como muy difuminadamente. Entonces pensamos que esa cortina quizás era el antifaz y que tal vez haciendo las sesiones sin el antifaz lograría ver más nítidamente. En la siguiente sesión lo pusimos en práctica y… ¡Qué error más grande! En esa sesión que probamos sin anti- faz casi no logró captar nada. De algún modo, el antifaz estaba in- fluyendo clarísimamente, en un resultado positivo. Tal vez sea por el bloqueo de luz del nervio óptico si todavía está funcional, o tal vez por el hecho de ser algo rutinario. Las personas con ceguera en sesiones posteriores, han descrito el hecho de ponerse un antifaz como algo parecido a “ponerse las gafas de ver”.
El impacto final de las sesiones con Fiorella se muestra en cómo percibe su día a día, y es que ella ahora describe cómo es capaz de percibir más periféricamente, es decir, con todo el cuerpo, y ahí es donde recibe más información de lo que la rodea.
Además, en una de las sesiones trabajamos un tema de creen- cias que recuerda como uno de los mejores días de su vida. Real- mente fue como un antes y un después, ella hizo un trabajo muy profundo y eso se notó en su día a día.
Yolima – Adulta / Acompañante: Tània
Tuvimos la oportunidad de poder trabajar con Yolima, una gran persona llena de humor y gracia, y que además había trabajado ya previamente el pilar de entrar en el subconsciente gracias a la meditación, y el pilar de la visualización gracias a entrenar con el ajedrez de forma totalmente mental.
Ella tiene ceguera blanca, es un tipo de ceguera en la que puede percibir solo las luces más intensas, como si se coloca en una ven- tana y le da directamente la luz del sol, puede percibir un 1% de esa luz. Como en todos los casos, usamos el antifaz igualmente.
En la primera sesión se dieron cosas tan increíbles, que toda- vía recuerdo su expresión de gran sorpresa. Ella no conocía que todo esto fuera posible, pero experimentarlo por sí misma le hizo plantear muchas cosas. No solo percibió con la Visión Intuitiva,
sino que percibía intuitivamente con todos sus sentidos. En una tarjeta donde había una taza granate fue capaz de ver una man- cha granate con un semicírculo al lado (¡el asa de la taza!). En otra tarjeta en la que había un vaso alto lleno de Cola, ella descri- bió un rectángulo oscuro que predominaba claramente respecto al fondo. Y así fue siguiendo la sesión con todo tipo de objetos, animales… y en cada tarjeta iba recibiendo por todos sus senti- dos la información que más le llamaba la atención.
En esa misma primera sesión, recuerdo un momento que nunca olvidaré. Ya terminando la sesión me comentó que todo el rato había estado viendo una luz. Que no era por allí que le llegaban las respuestas, pero era una luz que le molestaba, que era como de fuera. Me dijo que sería muy extraño porque nunca le había pasado, pero que a lo mejor era el brillo del ordenador, que esta- ba muy muy fuerte. Así que lentamente se quitó el antifaz para comprobarlo y entonces de repente la luz se fue. Ella se quedó alucinada, ya que se dio cuenta de que era imposible que fuera luz del exterior, sino que más bien era la propia luz de su consciencia.
Esa misma luz es la que ven muchas personas cuando empie- zan a trabajar con la Visión Intuitiva. Algunos de ellos tal vez creerían que es luz del exterior que entra, alegando que está el antifaz mal puesto, pero cuando suceden cosas como estas, nos confirman en toda regla que esta luz es interna, es nuestra propia luz, y eso es lo más bello que uno pueda experimentar.
Vicente – Adulto / Acompañante: Tània
Vicente es una de las personas que estoy teniendo la suerte de acompañar mientras escribo estas líneas. Él siempre ha tenido mucha capacidad de percibir las cosas sutiles que hay en el en- torno, y tiene amplia experiencia en visión remota. Esto mismo
Vídeo 25: “Testimonio de Fiorella” Fuente: Intuitu. Vídeo 26: “Testimonio de Yolima” Fuente: Intuitu https://bit.ly/3MDARbg
sumado a su entusiasmo y alegría permanentes, hacen que las sesiones sean súper fluidas y provechosas. Siento que su pasión por la vida va a llevar grandes progresos en la conexión con las personas, de esencia a esencia, y es un honor para mí poder estar a su lado.
En la primera sesión, empezamos trabajando con unas tarjetas de imágenes simples, y la primera que cogió, afirmó que tenía un marco que la rodeaba de un color concreto, y efectivamente, !así era! Él empezó a ver colores en lugares concretos de las tarjetas. De hecho, al final de la sesión me explicó que en las siguientes tarjetas que iba cogiendo, ese marco se quedó grabado y le daba la sensación que era como una pantalla. En esa pantalla podía ver colores, imágenes en movimiento e incluso sonidos. Es decir, sin explicarle nada ¡él ya estaba viendo una pantallita!
En una de las tarjetas por ejemplo, exclamó que hacía mucho ruido, y luego precisó que era ruido como de ciudad. Tres segun- dos más tarde estaba afirmando haber visto dentro de su panta- lla un autobús escolar amarillo en movimiento. Efectivamente, era una tarjeta con un autobús escolar amarillo.
En la segunda sesión no vió esta pantallita, pero en cambio fué capaz de colocar en dos montones separados las cartas zenner con forma de círculo y con forma de cruz con muy pocos errores. Él describía con mucha seguridad que las cartas en forma de cír- culo le daban la sensación de volumen, como si pudiera notar un cilindro energético que saliera de la tarjeta. En cambio las cartas en forma de cruz, le daba la sensación de que se levantaban por un lado, como si fuera una cruz de cementerio.
Todas las siguientes sesiones, tanto a nivel de intuición como de Visión Intuitiva han sido realmente exitosas. Desde encontrar con una exactitud increíble objetos escondidos, a sentir texturas en una fotografía, a ver algunos números y letras…
Vídeo 27: Vicente con las cartas zener. Fuente: instagram – @intuitu-visionintuitiva https://bit.ly/3yPKSMM
Todavía no hemos terminado las sesiones, y de hecho, espero que al terminar podamos seguir avanzando juntos para favore- cer y facilitar más este camino en las personas con ceguera.
2. OTRAS EXPERIENCIAS
En este apartado, vamos a empezar rescatando algunas de nues- tras primeras experiencias que ya recogimos en un libro previo que estaba solamente en catalán. Aunque también añadiremos alguna más. Las siguientes epxeriencias no pretenden seguir nin- gún orden concreto. Son solo relatos de experiencias interesantes que ilustran algunos de los puntos citados en el libro.
CASO I
Geri – 13 años / Acompañante: Jordi
Curiosamente, uno de mis primeros participantes, fue uno de los que más abrió su intuición y con algunas anécdotas muy in- teresantes. Quizás no fue de los más rápidos en abrirse a ella, pero sin duda acabó desarrollando su capacidad de una forma extraordinaria. Se trataba de un chico de 13 años y que presen- taba un cuadro leve de dislexia. Asistió a las sesiones de Visión Intuitiva más por la relación cercana que mantenemos que por la “necesidad” de hacerlo, puesto que en mi entorno más cercano, en aquel entonces, el mundo de las percepciones extrasensoriales era nuevo, y en un primer momento, cuando expliqué que quería desarrollar, no tenía demasiada gente interesada en probarlo. Por suerte, y gracias a casos como este, rápidamente la cosa cambió.
En la primera sesión, me llamó la atención las ganas que el chi- co ponía. Participaba pacientemente en todas las meditaciones y actividades para preparar la mente sin interrupciones y parecía muy convencido de que lo que estábamos haciendo daría resul-
tado. Justo después de las meditaciones y otras actividades que dan paso a los ejercicios para la activación de la Visión Intuitiva y con los tres antifaces, que por aquel entonces solíamos usar, muy bien colocados, le mostré diferentes tarjetas con números, formas y colores. Él debía adivinar, o mejor dicho, intuir, qué había en cada una de ellas.
Justo al darle las primeras, empezó a decirme que percibía como luces y colores con formas geométricas en la cabeza. Estas no so- lían corresponder en nada con lo que yo le estaba mostrando. En pocas ocasiones acertó los colores y menos las formas. Pero, para mi sorpresa, él, a diferencia de la mayoría de personas que han hecho sesiones conmigo, no frenaba, y sin filtro iba diciendo todo lo que le pasaba por la cabeza. Por miedo a frustrarlo, no le dije en ningún momento que —desde mi punto de vista— se equivocaba, pero sobre todo me sorprendió mucho la cantidad de cosas que decía y la velocidad con la que lo hacía. Mientras que algunos adolescentes y adultos suelen quedarse callados y de vez en cuando, tímidamente, dicen el nombre de un color o de una forma geométrica, o incluso alguna vez alguna letra o algún número, pero siempre con precaución, a él le brotaban las imágenes en la cabeza y con ellas las palabras para describir todo lo que iba viendo.
Hacia el final de la primera sesión, intenté canalizar sus esfuer- zos y centrarlo solo en un aspecto. Le pedí que solo me dijera los colores de las tarjetas que le daba, y aumenté la velocidad con la que las cambiaba. De repente empezó a acertar con mucha más precisión. En los últimos ejercicios, tuvo un acierto del 80% aproximadamente en cuanto a colores, pero rápidamente mostró signos de cansancio y como ya habíamos alargado más de lo que se establece para cada sesión, decidimos terminarla, sin haber logrado activar propiamente la Visión Intuitiva.
Al cabo de una semana, realizamos la segunda sesión. Esta vez me desplacé hasta casa de su padre. Aunque muy respetuoso, el hombre se mostró muy escéptico con lo que íbamos a hacer y me temí que este escepticismo fuera contagioso, incluso con- migo, que llevaba pocas sesiones y todavía tenía ciertas dudas
sobre lo que estaba haciendo en ese momento, como ya comenté muchas veces en el libro. Quien no parecía tener dudas era el jovencito que comenzaba la sesión en la misma línea que la se- mana anterior. Después de los ejercicios introductorios y cuando llegó la hora de practicar con los ejercicios de visualización, em- pezó de nuevo con lo que yo pensaba que era una “imaginación desbordada”. Esta vez, aparte de muchas formas geométricas que no acertaba, cuando le preguntaba qué había en la tarjeta, primero me respondía con el nombre de un sabor o de un olor. Por ejemplo, cuando le daba el color marrón, me decía “choco- late”. En cambio, si le daba una tarjeta rosa me decía “helado de fresa”. Pero cuando le pedía por el negro me respondía que un sabor ácido y por el azul un sabor salado. Esto, mezclado con las imágenes de pirámides doradas, esferas brillantes y símbolos y formas que no estaban en las tarjetas que le daba, me hicieron pensar que los comentarios de los sabores podían haber sido ca- sualidad, y no le presté la atención que le debería haber dado ya desde ese mismo instante.
Lo que sí es cierto es que, con la última tarjeta que le di, y ya fuera del tiempo que habíamos estipulado para realizar la sesión, de pronto acertó de una manera que claramente me indicó que estaba empezando a “ver”. En primer lugar, y con un tono de voz diferente, como de sorpresa y de ser algo diferente a las imáge- nes o percepciones que hasta ese momento “le habían venido a la cabeza” me dijo:
– Veo como una T azul.
Esto me llamó la atención. El dibujo en sí era (otra vez) el perso- naje de Coco tocando la guitarra (Ver la Figura 13, en el capítulo I). Llevaba un pantalón azul y estaba tocando y bailando a la vez, con la pierna derecha levantada, formando casi un ángulo de 90 grados respecto a la pierna izquierda.
En el momento en que el jovencito dijo que veía una “T azul”, con el dedo estaba recorriendo los pantalones azules del perso- naje, aunque en lugar de hacerlo justo por encima del pantalón, lo hacía un centímetro o dos más a la derecha de dónde realmen- te eran. Tal y como lo recorría con el dedo, sí que hacía una “T”,
o al menos el palo central y la ramificación izquierda de la “T”. Aunque a los pocos instantes añadió: “- ¡Eh! ¡No, no es una “T”! ¡Es un pantalón! Y encima hay… mmm… ¿es un instr…? “
Justo cuando iba a decir la palabra “instrumento” se quedó callado a la mitad y no dijo otra cosa, ya que él mismo estaba extremadamente sorprendido. Le animé a terminar la frase indi- cándole, con mi tono de voz, que sus respuestas estaban siendo muy acertadas, así que decidió decirlo:
– ¡Es una guitarra marrón!
La sorpresa para mí fue mayúscula. ¡Puesto que sí! Era una gui- tarra, pero no tenía absolutamente nada marrón. Era toda blanca. Tal y como le confirmé que había acertado y que era una guitarra, él se quitó el antifaz, antes de que yo diera la sesión por finaliza- da, y se quedó asombrado de ver que lo que veía con su intuición se parecía bastante a lo que había sobre el papel, pero no era exactamente igual.
En la tercera sesión, yo contaba con la certeza de que como el último día ya había conseguido ver sin utilizar los ojos, Geri ya estaría “activado” y que en seguida empezaría a ver. Pero las co- sas no resultaron ser como yo pensaba y la sesión se hizo larga y pesada, sobre todo para él, que por primera vez se mostraba algo desanimado. Parecía que él también contaba con activarse rápi- damente y desde el inicio. Justo cuando finalizábamos la sesión y cuando sonó el timbre —era su madre que venía a buscarlo—, él dijo con mucha seguridad:
– ¡Déjame seguir! ¡Qué estoy seguro de que ahora podré!
Mientras me decía esto, su madre ya había entrado en el espa- cio donde estábamos haciendo la sesión, y pensé que su presen- cia le despistaría, pero en vez de eso, él pareció más concentrado que en toda la sesión y empezó a describir, lentamente, la imagen que tenía ante sus ojos vendados. Empezando por los zapatos y subiendo poco a poco me describió la imagen de un famoso per- sonaje de dibujos animados. Cuando llegó a la cara ya no tenía ninguna duda y logró descubrir su identidad. “¡Es Goku!”.
Después de realizar las actividades de calentamiento para la cuarta sesión, iniciamos de nuevo la práctica de visualización. Esta vez, desde el primer momento sí que empezó a ver formas, objetos, colores y letras grandes. Con unas tarjetas le puse distin- tas fotografías de personas, animales, vehículos y objetos. Curio- samente, algunas las veía muy rápido, mientras otras le desper- taban sentimientos de miedo, o sensaciones extrañas. Mientras que con tarjetas que contenían imágenes de pelotas, camiones, o zapatos acertaba de forma rápida y fácil, no ocurría lo mismo con algunos animales o con imágenes más complejas. Una carretera la confundió con un río gris, o un elefante le dio cierto miedo y la primera reacción fue preguntar “¿Eso existe?”. En un segundo momento, afirmó que aquello era una gigantesca araña de cinco patas —debía de ver la trompa como si fuera una pata—, después un oso muy extraño, seguidamente un rinoceronte, un hipopóta- mo, hasta que finalmente “logró enfocar” y afirmó que se trataba de un elefante “gigantisimo”. Viendo las dificultades que mostra- ba para ver según qué imágenes, y recordando que la presencia de su madre, a lo largo de la semana anterior, había fortalecido su habilidad, decidí invitarle a ver la sesión. Con su presencia, logra- mos ampliar la “visión”. Entre los dos adultos fuimos poniendo las flashcards cada vez más lejos. Con muchas dificultades, cada vez fue viendo a mayor distancia, pero con algunas de las tarjetas equivocadas seguía presentando los mismos errores, como con- fundir a un gato por un búho, reiteradamente. Cuando ya tenía muchas tarjetas en el suelo, colocadas en línea recta, una después de la otra, para conseguir ampliar su visión, de golpe manifestó que las podía ver todas a la vez, pero borrosas, y sobre un fondo negro. Cuando el suelo, en realidad era de baldosas blancas.
Lo curioso de esta sesión, fue el momento en que fue capaz de empezar a leer las palabras grandes. A pesar de tener la certeza de que veía lo suficiente como para saber qué letras había, él ne- cesitaba girar las tarjetas para poder leer “mejor”. Las letras “c” podía convertirlas fácilmente en “u” o incluso en “n”. Las “b” y “d” en “p” o “q”. Lo sorprendente es que cuando empezó a leer palabras, necesitaba girar las fichas para acertarlas y leerlas bien. Uno de los ejemplos más ilustrativos de las situaciones que se

daban, fue con una tarjeta que contenía la palabra inglesa “cold” (que significa frío) donde él afirmaba que era la palabra “plou”, que significa “llueve” en catalán, con tanta seguridad que nos negaba nuestra respuesta cuando nosotros le aseguramos que la palabra correcta era “cold”. En el primer momento nos descon- certó, pero enseguida detectamos que su dislexia le estaba ha- ciendo ver las letras giradas, cada una en una dirección distinta.
A lo largo de la semana pregunté a distintos especialistas sobre la situación. Dos de ellos me comentaron que tratara de cerrar un ojo mientras leía, afirmando que este hecho le ayudaría a colocar las palabras del derecho. También me afirmaron que este trabajo con estado alfa daría buenos resultados para mejorar, en general, su dislexia.
En la siguiente sesión, justo cuando empezó a tener problemas con algunas letras que no estaban bien direccionadas, le propuse cerrar uno de los dos ojos para intentar leer mejor, y la respuesta, francamente, me desconcertó…
– Ya tengo los dos ojos cerrados. ¡Tal como tengo puesto el an- tifaz es imposible abrirlos!
Si bien la respuesta es la más satisfactoria y reconfortante para alguien incrédulo y escéptico por naturaleza como yo, y más pro-
cedente de un chico al que conocía de toda la vida y que sabía que nunca me mentiría, debo reconocer que me dejó desarmado para ayudarle con el tema de la lectura, al menos para esta se- sión, pero con la piel de gallina y una sonrisa en la cara. Ese día di un paso más para realmente creer que estaba ante una capaci- dad humana real y que definitivamente no había ningún agujero por el que ver.
Al final de esta sesión acabé optando por trabajar otros objeti- vos y ampliar su Visión Intuitiva periférica. Después de trabajar con las flashcards, poniéndolas cada vez más lejos y más hacia los laterales, empecé a ponerlas detrás de él y, con algunas difi- cultades, también logró acertar todas.
De nuevo, al final de esta sesión dejé participar a su madre y les propuse un juego de mesa de agudeza visual. Geri jugó con la misma agilidad visual que su madre, que jugaba con los ojos destapados. En un momento dado, mientras jugaban, la madre pidió a su hijo que la mirara a la cara. El chico, obediente, intentó hacerlo, pero después de ver las piernas, el cuerpo y los brazos, no logró verle la cara. Él no le dio más importancia a este hecho y quiso seguir jugando. En cambio, la madre se frustró y se extra- ñó, y al cabo de un rato quiso volver a ponerlo a prueba. En esta segunda ocasión el chico sí logró verle la cara.
El hecho de que no le viera la cara a la primera es muy curioso, ya que en esta sesión, Geri tenía una visión periférica muy gran- de y había logrado ver a metros de distancia e incluso a través de un espejo situado en otra habitación que comunicaba por una puerta abierta. En sesiones con otros alumnos he experimentado lo mismo e incluso yo mismo he sido capaz de captar elementos de mi entorno con los ojos vendados, pero al mismo tiempo he sido incapaz de ver la cara de alguien… Pero volvamos a Geri.
Su poder mental se amplió cuando realmente, como acompa- ñante suyo, entendí un poco más cómo funciona su mente y es- cuché sus necesidades. En un par de ocasiones, previamente, le había intentado hacer ver dentro de un libro cerrado, pero él me decía que aquello era imposible y no habíamos pasado del mero intento. Pero en la sexta sesión escuché lo que él me decía con
más atención. De nuevo, inició la sesión diciendo los sabores y olores que le transmitían distintas imágenes que le daba, antes de decirme el color o cualquier atributo visual. Realmente él afir- maba recibir sensaciones por el gusto y por el olfato, antes de visualizarlo dentro de su cabeza… Así que dejé de intentar que él viera tal y como me habían enseñado a enseñarle y le pedí que se centrara exclusivamente en los gustos y sabores que le venían. Y realmente su éxito fue del 100%. Cada color lo atribuía a una sensación o a un olor y solo tocarlo me sabía decir de qué color se trataba. Chocolate, fresa, limón, manzana, naranja, ácido – ne- gro- y, de nuevo, salado – el azul-, etc. Decidí potenciar esta vía y le introduje la mano en un libro de ilustraciones cerrado y le pedí que “no saliera a mirar”, sino que intentara detectar qué olores o sensaciones recibía del interior. A continuación me respondió que le llegaba mucho olor a gasolina. Después acabó afirmando que el dibujo era un coche repostando en una gasolinera. Abri- mos el libro para comprobarlo y, efectivamente, era un coche lle- nando su depósito en una gasolinera.
Decidimos repetir el ejercicio con otra página y él afirmó sentir olor a sudor, hierro, madera y pintura. A su juicio, era “un lugar donde se trabaja”. Abrimos el libro, y en efecto, era el dibujo de un taller donde se trabaja la madera, pero también había pintura, tornillos, clavos y herramientas de hierro. Repetimos esta activi- dad hasta siete veces y en 5 de ellas acertó al 100% los detalles del dibujo y en otras dos acertó algunos elementos importantes de los que estaban presentes, sin acertar toda la escena en sí. (Ver Vídeo 8, capítulo II) Él fue quien nos descubrió la sinestesia y gracias a estas anécdotas empezamos a estudiarla. Con el tiempo llegaron decenas de personas que nos han mostrado capacidades similares.
Después de esta actividad realizamos una actividad de lectura a través de un material para trabajar la dislexia. Se trataba del juego “Letra a letra” de Think Fun. Un juego en el que se deben leer las palabras escritas en un círculo. La dificultad radica en que las pa- labras siguen la circunferencia y no sabes cuál es la primera y cuál es la última, y debes intentar leer la palabra, aunque siempre veas algunas letras boca abajo. La actividad parece que funcionó. Aun-
que supuso un gran esfuerzo de concentración y paciencia por su parte, desde esa sesión se notaron mejoras en la lectura, que pude comprobar con las flashcards en las siguientes sesiones, donde demostró tener menos problemas girando letras, y descubriendo más rápido las palabras correctas. Incluso en poco tiempo ya era capaz de leer a una velocidad adecuada, textos enteros con tipo- grafías normales —de tamaño 12 o 14— con los ojos vendados.
Al finalizar la sesión, después de media hora, decidí repetir el ejercicio de ver el interior de un libro de ilustraciones, pero con otro libro. Esta vez con los ojos destapados, pero cerrados. Me aseguré de que no viera qué libro cogía y le puse la mano dentro de una página al azar que no pude ver ni yo mismo de tan poco que abrí el libro. De repente me dijo: “¡Buf! ¡Qué hedor! ¡Es una granja!” Efectivamente, se trataba de una granja y tenía los dedos justo encima de un montón de estiércol dibujado.
En la séptima sesión repetimos con éxito la mayoría de activida- des con la novedad de que Geri ya estaba activado desde el primer segundo. Nada más ponerle el antifaz, ya era capaz de hacer todo lo que había conseguido anteriormente. Pero en la octava, pasaron muchas más cosas. Empezamos la sesión a las 9:30 de la maña- na de un domingo. A esa hora, ya lo había comprobado con otros alumnos, los resultados suelen ser bajos o nulos. Como ya hemos dicho, las condiciones energéticas deben ser óptimas para realizar el trabajo, y está claro que el domingo temprano, para él, era un momento de descanso y no de trabajo. Tal y como empezamos la sesión, pareció que habíamos retrocedido hasta la primera clase. Pero poco a poco exigiendo un poquito y tirando un poco de él volvimos a llegar al nivel que previamente ya habíamos alcanzado.
Llegados a este punto le propuse el reto de ver el interior de una caja cerrada. Al principio le resultó absolutamente imposible ver con los ojos vendados la tarjeta que yo introduje en el interior de una caja de zapatos. Así que decidí hacer dos agujeros latera- les en la caja por donde el chico pudiera meter las manos, pero que siguiera siendo imposible una línea visual directa entre la tarjeta y sus ojos —sin contar que en su caso los tenía triplemente vendados—. Nada más tocar la tarjeta detectó sabores. Pero poco
a poco esos sabores supo convertirlos a imagen y acertó de forma bastante precisa todas las tarjetas que se le pusieron.
Ya que Geri juega al balonmano como actividad extraescolar y aprovechando el buen día que hacía en ese momento, decidimos salir a jugar fuera con los ojos tapados. Después de unos ejerci- cios con la pelota en el interior, salimos al exterior y empezamos a practicar la Visión Intuitiva con grandes distancias. Rápida- mente, conseguimos que me viera hasta cuatro o cinco metros de distancia y jugamos a adivinar dónde yo tenía el balón. Fui moviendo la pelota con las manos, de derecha a izquierda, de arriba abajo, mientras le pedía que él fuera indicando dónde la tenía en todo momento. Con un éxito del 100% de las respuestas decidí darle la pelota y apartarme unos metros más. Entonces le pedí que me la lanzara. Dando por sentado que soy mayor que él, Geri decidió pasarme la pelota igual que lo hace con los com- pañeros de su equipo, y yo que no estaba preparado para recibir un pase de un juvenil bien entrenado, y menos esperando que su puntería fuera precisa con los ojos vendados, casi recibo un buen pelotazo directo en la cara. Tuve el tiempo justo de apar- tarme. Los siguientes balones que me lanzó, todos fueron muy bien enfocados y con mucha energía —aunque le pedí varias ve- ces que aflojara su fuerza—. Con pocos intentos, ya era capaz de lanzar siempre con precisión y puntería hacia mí, hasta calibrar suficientemente su “visión” como para empezar a interceptar la pelota en alto si yo le pasaba flojito. Todos los presentes en el jar- dín, incluido yo mismo, quedamos muy sorprendidos.
Esa tarde, casualmente él tenía partido de balonmano. Y curio- samente, al igual que después de la última sesión que también le hice unas horas antes del partido, acabó siendo ovacionado por la grada y disputando un grandísimo partido, incluso como por- tero —posición que no es la suya, pero que decidió asumir a falta del portero titular—. Realizó muchísimas más paradas de las que
Vídeo 28: Geri practicando con la pelota. Fuente: instagram – @intuitu-visionintuitiva https://bit.ly/3gkOgcj
se esperaría por alguien que no juega en esa posición y fue deter- minante para la victoria de su equipo. A partir de ese momento sus resultados deportivos mejoraron muchísimo.
Precisamente este es uno de los beneficios que su madre destaca. Parece que después de estas sesiones su hijo se podía anticipar más y mejor a las jugadas de los rivales y parece, con sus pala- bras, que tenía la intuición más desarrollada. Una situación que me explica y que la dejó fascinada es la del Roscón de Reyes. De tres roscones que comieron por Reyes, Geri predijo dónde estaban el haba y el rey, escondidos en cinco de los seis casos, pero con una precisión milimétrica. De hecho, antes de hacer los cortes, con unos palillos indicó dónde él había percibido que estarían las figu- ras y las habas. Dejando a un lado esta anécdota, la madre afirma que su hijo se ha mostrado más concentrado en la escuela y en casa y que incluso ha notado una gran mejora en su lectura y su forma de expresarse. Esta mejora también se notó desde su instituto.
Un hecho curioso a destacar de las dos últimas sesiones con Geri es que este estuvo resfriado y por culpa de ello las actividades de reconocer colores dentro de una caja o dentro de un libro le resul- taron imposibles… Así como otras veces, con el tacto le llegaban olores y sabores, esta vez el efecto se producía a una intensidad mínima y no conseguía llegar a tener una visión clara del color o dibujo escondidos. En cambio, en algunas sesiones de refuerzo realizadas meses después para mantener la capacidad, y con la nariz ya descongestionada, claramente pudo volver a hacer uso de sus capacidades sinestésicas, así como de la Visión Intuitiva.
CASO II
Gabi – 8 años / Acompañante: Jordi
Gabi es una niña especial. Desprende mucho amor solamente al verla, pero al mismo tiempo tiene una mirada muy profunda que hace pensar que sabe más de lo que explica, aunque explica mucho. Solamente entrar en la habitación de trabajo me comenta
CAPÍTULO VI
que ella puede ver las auras de las personas y me cuenta su vi- sión fantástica sobre el mundo, lleno de hadas y duendes.
Solamente vendarle los ojos, a los tres segundos ya me está des- cribiendo todo lo que ve. La felicito y me invento una excusa para que se quite el antifaz. Tengo la firme sospecha de que no se lo había puesto bien, pero no le quería afirmar que ella estaba haciendo trampas. Una vez abrochados los velcros del antifaz lo máximo posible, reiniciamos la sesión. Pero a los dos segundo Gabi ya está viendo de nuevo.
Como ya hemos comentado, en algunos casos puntuales hemos probado la telekinesis, y normalmente lo hacemos con los parti- cipantes más avanzados, y en su caso, como ya veía sin sus ojos, teníamos mucho tiempo para probar cosas nuevas. Le planteé la actividad y le presenté los materiales. Pusimos el papelito de alu- minio, en equilibrio, sobre la aguja, y lo tapamos todo con un vaso para que no entrara el aire. A los pocos segundos el papel pasó de estar quieto a realizar pequeños micromovimientos y poco a poco empezó a moverse hasta 180o, momento en que Gabi comentó que se había mareado y que prefería cambiar de actividad.
Pero lo más interesante con Gabi no eran sus habilidades, sino su saber interno. A través de los cuentos y los tests con los que trabaja- mos, Gabi hacía unas reflexiones, a veces filosóficas, que me dejaban desarmado y a las que no me sentía a la altura de responder… Tras finalizar las sesiones no sé quién había aprendido qué y de quién.
CASO III
Ainhoa – 10 años / Acompañante: Jordi
Las sesiones con Ainhoa eran divertidísimas. Se presentaba con una sudadera de “Hogwarts” (la academia de magia de Harry Potter) que escogía expresamente para las sesiones.
Su caso fue bastante curioso en cuanto a la Visión Intuitiva. Durante las primeras semanas me dio la sensación de que no
captaba absolutamente nada. Hasta que en la cuarta sesión, me di cuenta de que sí que captaba, pero solo las cosas de color rojo. Parece que solo podía sintonizar con este color. Esto lo descubrí tras observar que una de cada 6 o 7 veces acertaba no solo el color, sino las formas. Por ejemplo, de repente me afirmaba que veía un 8 rojo y ¡sí! ¡Allí estaba! Pero el resto de informaciones pasaban desapercibidas.
Cuando me di cuenta de ello, seleccioné todas las tarjetas rojas y acertó un 100% de las informaciones que contenían. Muchas de estas tarjetas eran completamente rojas, con un número o letra blanco en el centro. Ella no veía el número blanco, veía un cam- po de información rojo con un vacío de información en forma de letra o número.
Acto seguido seleccioné todas las tarjetas naranja rojizo y las naranjas se las fui dando gradualmente. Primero las más cercanas al rojo, para pasar poco a poco a las naranjas. Si pasaba demasia- do rápido a las tarjetas naranja con una tonalidad más amarilla, entonces no las podía ver. Cuando finalmente llegamos al naran- ja, seleccione una gradación de tarjetas hasta llegar al amarillo, y poco a poco fuimos pasando por todo el espectro de colores. Y logró activar, entonces, perfectamente su Visión Intuitiva.
CASO IV
Lina – 12 años / Acompañante: Jordi
El caso de Lina es de los que más me llenan personalmente. Lina es la hija de una amiga. Y a pesar de no tener oportunidad de conocer a la niña directamente y de forma más profunda hasta justo empezar las sesiones, desde siempre he conocido aspectos de su vida y de su personalidad, de las conversaciones sobre pa- ternidad y maternidad, y educación en general, que he manteni- do con su madre. Y desde hace muchos años, algo que recuerdo muy bien, es la preocupación de la madre por el terror que su hija manifestaba cuando había tormentas.
Al inicio de las sesiones, los padres se muestran entusiasmados con la idea de ampliar la intuición, aunque un punto escépticos con la posibilidad de ver sin los ojos. Si se lo creen es porque se lo digo yo, pero, obviamente, necesitan acabarlo de ver con sus ojos, como la mayoría de la humanidad. Y por suerte acabarán presenciándolo.
Lina sigue una evolución muy buena a lo largo de las primeras sesiones y los padres se muestran muy receptivos a todas las re- comendaciones. Al final de la segunda sesión les propongo rea- lizar un trabajo para quitar el terror a las tormentas. A partir de unas meditaciones y unos aceites esenciales que prepara Tània, nos encaminamos a realizar esta tarea en la tercera sesión.
A lo largo de las siguientes semanas estamos a la espera. Al igual que los “cazadores de tornados” esperamos que la tormen- ta perfecta nos pase por encima. Tardamos unos días en salir de un anticiclón, pero finalmente las tormentas comienzan a hacer acto de presencia. Por suerte o no, las primeras tormentas son más débiles, pero a lo largo de la semana acaba habiendo de fuer- tes, y los padres me comunican el veredicto. La meditación y los aceites han funcionado. A lo largo de las primeras tormentas más débiles, Lina se muestra indiferente, y en las más fuertes se llega a mostrar intranquila, pero logra mantener el mando de sus emo- ciones de una forma que nunca había logrado antes y, por tanto, concluimos que ha sido un éxito absoluto.
La misma técnica para limpiar miedos y creencias limitadoras, la utilizamos para ayudarla a ser menos introvertida, y la madre hacia el final de las sesiones confirma también que la cosa ha cambiado también en positivo.
CASO V
Ane – 14 años / Acompañante: Jordi
El caso de Ane, es un caso que sin duda va mucho más allá de lo que entenderíamos por sinestesia.
Como ya hemos dicho a lo largo del libro, la sinestesia se puede manifestar de muchas formas diferentes. Un sonido se convierte en un color. Pensar en un día de la semana o en un año en concre- to también puede traducirse en un color. Tocar un color te puede llevar un olor o un gusto… Pero el caso de Ane es más curioso. Desde la primera tarjeta que le doy, ella es capaz de detectar las letras que hay escritas sin verlas. Solo con el tacto (y las letras no tienen nada de relieve) le llegan sensaciones que se traducen a letras. A veces, algunas letras son confusas… Por ejemplo, con la R y la S puede tener una sensación muy, muy similar y le puede costar distinguir. Con la M, la N y la F también. Con total natu- ralidad, Ane me pregunta si yo no lo noto. Cuando le confirmo que yo no, encuentra curioso que algo que ella ha notado toda la vida, no sea una cosa tan frecuente.
A lo largo de los primeros instantes de la primera sesión, fue capaz de decir bien el 95% de las letras que le enseñé, y capaz de leer bien el 100% de palabras que le enseñé. Cuando se equivo- caba con una letra, era capaz de corregirla por lógica cuando ya había descifrado el resto de letras de la palabra.
Aunque con los colores al principio de la sesión le resultaban prácticamente imposibles, con la práctica y en el transcurso de las siguientes sesiones, empezó a notarlos también. Con sensa- ciones que ella misma no sabía describir del todo, le llegaban ideas aproximadas o incluso ciertas imágenes de los dibujos que tocaba. Por ejemplo, con “Pikachu” —un dibujo animado amari- llo— ella percibía un “Pacman” —más conocido en los 80’ como “comecocos”— o para “Buzzlightgear” —el astronauta de Toy Story— le llegaba un robot. Con la imagen de un rayo, me afirmó que era un paraguas o que había una tormenta, y con la imagen del fuego la podía notar muy, muy caliente.
En la tercera sesión, a pesar de no activar todavía “su pantalli- ta”, ya era capaz de acertar bastantes dibujos solo utilizando su habilidad sinestésica, tal y como se ve en el vídeo 8 del capítulo II.
Hacia las últimas sesiones, cuando ya veía bastante bien, descu- brimos que no sintonizaba con el color lila. Estábamos jugando con pelotitas de plástico pequeñas, como las de los “chikiparks”
CAPÍTULO VI
y podía describir bien todos los colores, menos cuando llegamos a la lila que me dijo:
– Jordi, sé que tengo una pelota en las manos porque la noto. Pero solamente puedo ver mi mano. Puedo ver la palma de la mano. Así que esta debe de ser transparente.
Al final de la última sesión, me comentó que ella quería dedi- carse al mundo de la sanidad. Y me informó de que una pariente suya era “curandera” y que curaba a las personas con sus manos. Mi inmediata reflexión fue… Si esta chica es capaz de notar el fuego, las tormentas o las sensaciones de las letras impresas en un papel, ¿cómo no iba a poder detectar problemas de salud de las otras personas?
Espero que siguiera mi consejo de estudiar mucho toda la cien- cia, que estudiara al máximo durante su futura carrera como doctora, que aprendiera al máximo de todos los profesores y doctores que tuviera, pero al mismo tiempo le pedí que pasara el máximo de tiempo con su pariente… Pues si de ella podía apren- der alguna cosa, aunque fuera a nivel extraoficial, ella sería mi elección como futura doctora el día que yo tuviera un verdadero problema de salud.
CASO VI
Pau – 8 años / Acompañante: Jordi
Pau es un niño muy amoroso. Después de la primera sesión tuve la sensación (como antiguo maestro) que debe ser una gozada tenerlo en clase. Sin embargo, es el típico caso que en el colegio se comporta de una forma, y que en la confianza del seno familiar se comporta de otra muy distinta.
Los padres muy respetuosos e involucrados en la educación de su hijo y sin duda alguna dan un acompañamiento excelente a su hijo. No hay falta de límites, ni ninguna actitud poco amorosa hacia él. Todo es de “manual”, pero la relación padres – hijo, inex- plicablemente, no es la mejor.
Con respecto a la intuición, Pau va un poco más despacio en avanzar que la mayoría de los participantes de su edad, pero no desiste, se esfuerza y logra la visión hacia final de curso. Pero cuando lo logra, demuestra un gran dominio. Y quizás domina mejor su pantallita y la intuición ampliada, pues demuestra una capacidad telepática y para recibir informaciones, que la propia capacidad de ver sin los ojos.
En cuanto al pilar de las creencias, semana a semana tratamos de ir trabajando distintos aspectos y descubrimos pequeños cambios que él necesitaría de su entorno. Los padres siguen al pie de la letra todas y cada una de las recomendaciones, que para ser sinceros son muy y muy pequeñas, pues la mayoría ya las hacían. La mamá, al mismo tiempo, acude a una sesión con Tània, para eliminar ciertos aspectos y bloqueos de su relación con su propia madre.
Semana a semana los padres van detallando que la relación va mejorando hasta que terminan muy contentos el curso. Algo ha cambiado. En sus palabras, es como si Pau, hubiera encontrado su centro, y en este centro es más consciente de nuestras emocio- nes y vivencias. Al mismo tiempo, la madre también admite que en la única sesión que hizo con Tània, salieron aspectos hereda- dos, que podían estar influyendo en la relación con su hijo.
Parece que en este caso, el aumento de la consciencia y el eli- minar ciertas pequeñas situaciones del pasado, ha sido suficiente para un cambio familiar a mejor.
CASO VII
John – 8 años / Acompañante: Jordi
Ya para acabar con los niños, rescatemos también uno de los primeros casos.
John es un alumno de 8 años. Vive con sus padres y su herma- no. Es un niño que desde siempre se ha mostrado introvertido, incluso con los miembros de la propia familia. En la escuela tam-
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bién suele mostrarse reservado y sigue a unos amigos que no es- tablecen precisamente un liderazgo positivo. Así como en el caso de Geri, el primer caso, este niño empezó las sesiones conmigo, más por la relación de proximidad que mantengo con él que no por ninguna de las situaciones expuestas anteriormente.
El caso de John es muy destacable por el cambio que se produjo en su vida desde la primera sesión. Justo desde el final de la primera sesión, empezó a mostrarse mucho más abierto con todo el mundo. Y no solo eso, sino que claramente se empezó a mostrar más cari- ñoso con todos los miembros de la familia y así también lo vieron y experimentaron abuelos y tíos, que quedaron muy sorprendidos.
Los padres siguieron las indicaciones que se les dio al final de cada sesión, y es que como ya hemos visto a lo largo del libro, a través de las actividades con el subconsciente, podemos obtener mucha información que suele ser de una importancia trascen- dental para cambiar el rumbo de aquellos aspectos de la vida del niño que le pueden resultar más difíciles. De hecho, es en este es- tado alfa cuando el acompañante puede plantar la semilla de un cambio que después, con las recomendaciones a los padres, y el cambio que estos puedan ofrecer en el entorno del niño, serán de- terminantes para favorecer este proceso de crecimiento personal.
En el caso de John, tanto el padre como la madre se mostraron muy abiertos a las recomendaciones, las escucharon con atención y las siguieron al pie de la letra, y esto rápidamente se visualizó en la evolución de su hijo. Todo este cambio se transformó en un cierto grado de euforia que retroalimentaba la fe en las sesiones e hizo que todos asistieran a las clases aún con más ganas. De he- cho, para ser sinceros, el niño era el que asistía con menos ganas, especialmente hacia la tercera, cuarta y quinta sesión, cuando a diferencia de su hermano, él aún no había logrado “ver nada”.
Las dificultades para abrir su Visión Intuitiva eran inversamen- te proporcionales a su mejora en la vida social. No solo todos los miembros de la familia habían notado el cambio. En un primer momento, desde la escuela llamaron la atención a sus padres. John había pasado, de repente, de ser un alumno callado e intro- vertido, a ser un alumno al que a veces había que avisarle porque
no callaba. Este hecho no lo consideraban negativo ni los padres, ni incluso algunos de los propios maestros, que en privado y contradiciendo la posición de la tutora, se mostraban contentos de ver su evolución a nivel social.
Poco a poco John fue midiendo y adecuando su participación en el entorno escolar. Lo que también cambió radicalmente fue su círculo de amistades, y pasó de seguir a un par de alumnos, que como ya he dicho, establecían un liderazgo más bien nega- tivo sobre él, a integrarse con otro grupo de niños de la clase, es- tableciendo unas relaciones más sanas. Este cambio radical hizo que la familia estuviera aún más contenta.
Hacia la cuarta y quinta sesión, John seguía asistiendo con pocas ganas. Él se veía poco capaz de abrir esta capacidad extrasensorial. En algunas ocasiones le pedía que buscara una lucecita por dentro del antifaz o dentro de su cabeza, y él, convencido, me decía que la lucecita se había ido a Andorra y que no quería estar con él. Había algo en él que parecía no desear abrir esta capacidad. Tiempo des- pués entendimos que tenía mucha relación con el miedo.
Acabando la sexta sesión y aún sin haber acertado más de dos o tres colores seguidos, de repente empezó a acertar bastantes colores seguidos. Pero justo cuando parecía que estaba abriendo su visión, le empezaron a molestar los ojos y para rascarse se levantó un poco el antifaz. Cuando sacó el dedo del interior del antifaz me dijo:
– Jordi, creo que no me he puesto bien el antifaz porque estoy viendo muchas cosas.
Yo también pensé que no había quedado bien tapado, pero al comprobarlo con la linterna para ver mejor los pliegues y los po- sibles agujeros que hubieran podido quedar, determiné que era absolutamente imposible que viera “físicamente” por ninguna parte. Por no decirle que era físicamente imposible ver con el an- tifaz, simplemente le pedí que me siguiera explicando qué veía, y afirmativamente lo veía todo.
Para el transcurso de la siguiente semana había dado unos debe- res para practicar la Visión Intuitiva a su hermano. Como su her-
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mano llevaba muchas sesiones “activado” tenía unos deberes muy avanzados en este aspecto. A media semana, la madre de John me envió un vídeo donde se veía cómo John también hacía las mismas actividades avanzadas e incluso después se ponía a jugar con su hermano a un videojuego con los ojos vendados. En ese momento, (todavía en nuestros inicios) lo primero que pensé es que era im- posible. Era imposible que John pudiera realizar aquella actividad y que no debía estar bien vendado, ya que solo había sido “activa- do” los cinco últimos minutos de la última sesión.
En la siguiente sesión, mis dudas no solo se manifestaron, sino que le afectaron. John empezó muy activado y ya desde el momen- to en que le tapé los ojos veía muchas cosas. Pero mi escepticismo y la necesidad de asegurarme de que estaba bien tapado, eran tan grandes que le rompí la concentración demasiadas veces y su gra- do de confianza en sí mismo se redujo. Con mi falta de confianza provoqué que se pusiera nervioso y dejara de ver durante algunos instantes. En ese momento recurrí a su madre nuevamente. Si con ella, a media semana, le había ido tan bien, pensé que ella podía solucionar el problema que yo había creado. Y efectivamente, tal y como entró ella en la sala donde hacíamos las actividades, el niño volvió a recuperar un elevado grado de visión.
En las últimas sesiones que hicimos, John completó todas las actividades, siempre con un rotundo éxito. Desde el momento en que le ponía los tres antifaces, conseguía activarse y tener un nivel muy alto de percepción y visión de todo lo que sucedía a su alrededor. Tras finalizar las sesiones siguió practicando con su madre, activándose siempre desde el primer instante.
CASO VIII
Míriam – Adulta / Acompañante: Tània
Míriam es una chica alegre, sincera y muy motivada con la Vi- sión Intuitiva. Es una de aquellas personas que con su alegría es imposible que te deje indiferente. Ella se dedica a arte terapia,
es decir, trabaja literalmente con imágenes. Como después evi- denciamos, eso es algo que definitivamente ayudó a que pudiera abrir su Visión Intuitiva, ya que el segundo pilar de trabajo con imágenes lo tenía ampliamente desarrollado. Además, es una persona que suele meditar, y tiene mucha capacidad de obser- vación del entorno y autoobservación, sin juicios, pero desde la presencia. Personalmente, desde que la conocí me fascinó esa mezcla entre alegría absoluta y gozo y observación y calma, así que también conecté mucho con su energía.
Al empezar las sesiones demostraba tener muy buena intui- ción, aunque ella lo que quería era poder ver sin los ojos, igual que hacía su hija, que también estaba haciendo las sesiones. Y justo cuando menos lo esperaba… ¡Ocurrió!
En esa sesión, estábamos en un espacio nuevo, en el que no solíamos hacer sesiones, hicimos una meditación como siempre y empezamos los ejercicios. Ella me dijo que veía como unas lu- ces, que no sabía de dónde venían. Después de hacer algunas pruebas, las dos tuvimos la certeza de que no eran luces de fuera percibidas por los ojos, así que empezó a focalizar su atención en esas luces y de repente fueron creciendo. Era como si mirara a través de un jersey de lana, me explicaba. En esos puntos de luz podía ver colores con mucha precisión, así que iba pasando de un material a otro percibiendo hasta tonalidades precisas. Poco a poco, con su intención, trató de “estirar” más ese jersey de lana, ¡hasta que se formó un agujero!
Obviamente, ella estaba sin moverse, y el antifaz seguía igual de bien puesto, pero su luz interna había aumentado muchísimo, solamente con la intención. A partir de ahí, empezó a ver núme- ros, letras, y mucho más. Le pregunté detalles sobre la habitación en la que estábamos. Le pregunté qué objetos había en la estan- tería, qué podía ver por la ventana, qué títulos tenían los libros de la estantería… Había cosas que las decía tal cual yo las veía, pero otras, en cambio, eran bien diferentes. Por ejemplo, de la estantería me dijo los objetos como yo los veía, pero en un orden distinto. Cuando le pedí que los dijera por orden me dijo que ella los veía tal y como me los había dicho. También le pregunté
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por el color de las flores, y los dijo absolutamente todos con pre- cisión, pero el color morado fue incapaz de decirlo, ella veía las flores moradas como si fueran azules.
Acabamos jugando en el exterior a pelota con el antifaz puesto, disfrutando tanto como cuando éramos unas niñas.
Cuando se quitó el antifaz y vio la habitación, se fue fijando en todo lo que me había descrito. Ella misma se sorprendió porque muchas cosas de las que había descrito, ahora veía que eran lige- ramente distintas.
En otra ocasión, estábamos haciendo una sesión en el jardín y llegó Jordi, nos encontró riendo a carcajada limpia. Míriam no podía parar de reír, y es que ella me contó que cuanto más reía, más veía con la Visión Intuitiva. Y eso mismo le provocaba más alegría, por lo que ¡reía aún más!
Casos como este, nos hemos encontrado muchos más después, en los que hemos visto que ese sentimiento de alegría que nos provoca la risa es un factor muy importante en el desarrollo de la Visión Intuitiva, por lo menos en adultos.
Cabe mencionar que la glándula pineal es un depósito de sero- tonina, la hormona que nos induce a estados de felicidad y bien- estar. Así que tiene mucho sentido que la risa o la alegría interna sea algo que nos ayude a abrir la Visión Intuitiva y a mantenerla.
CASO VIII
José – Adulto / Acompañante: Tània
José es un hombre excepcional, absolutamente dedicado a su carrera profesional como masajista. Como muchos masajistas, tenía acceso a intuiciones con solo tocar a la persona que iba a re- cibir el masaje. Por eso acudió a las sesiones, para poder ordenar y dar cabida a todas estas informaciones. Pero lo que ocurrió en las sesiones no nos lo esperábamos ni él ni yo.
Cuando le pregunté sobre cómo quería orientar las sesiones, ya que cada persona llega a la Visión Intuitiva por un motivo dis- tinto, él me comentó algunos aspectos que le llamaban la aten- ción, y me explicó sobre sus facilidades. Me comentó que él tenía mucha sensibilidad con el olfato. Esa anécdota quedó ahí hasta que llevábamos ya unas cuantas sesiones, y le pregunté “Oye, y ¿por qué no pruebas a clasificar estas tarjetas por el olor que desprenden?”. Obviamente, las tarjetas eran impresas, y en ellas había fotografías de comida (un zumo de naranja, una galleta, un plátano…) o de animales (un oso, un gato, un pez…). Ahí descu- brió que él sí podía percibir más allá de la Visión Intuitiva. Podía percibir el olfato intuitivo, y fue capaz de diferenciar las tarjetas y ponerlas en dos montones según si eran comida o animales.
Esto nos ilustra cómo las informaciones llegan a nosotros, y se pueden presentar como saberes intuitivos, o bien tomar la forma de alguno de los sentidos que ya conocemos y dominamos, como el olfato, el oído, el sabor, el tacto o la vista. Según nuestras capa- cidades y nuestras creencias podremos captar estímulos en estas codificaciones ya conocidas.
CASO IX
David – Adulto / Acompañante: Tània
Todas las sesiones con cada alumno son especiales y únicas, so- bre todo aquellas en las que hay una conexión profunda con la esencia de la vida y el presente. Y así fueron las sesiones con David, cada sesión era como destapar la vida en su sentido más puro, fresco e inocente.
David es una persona conectada con el presente, con el sentir y con la observación. Él se dedica a organizar retiros en la natura- leza, y tal vez eso mismo le ayuda a priorizar esos momentos de calma, de escucha, de captar estas percepciones sutiles.
En las sesiones, ocurrieron cosas increíbles y me es difícil saber cuáles priorizar para explicar en este capítulo, pero voy a trans-
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mitir por lo menos dos historias que ilustran que la conexión entre personas va más allá de lo que pensamos, y que nuestras creencias marcan nuestra experiencia.
En una sesión en concreto, pusimos como objetivo trabajar la telepatía. Mediante unas técnicas específicas creamos una co- nexión energética y empezamos el ejercicio. La idea era que yo pensaría un recuerdo y él tenía que decirme todo lo que sintiera sobre ese recuerdo; con quién estaba yo, dónde estaba, qué emo- ción sentía, qué temperatura hacía, qué sonidos se escuchaban…
Usualmente, con los otros alumnos, cuando logran un alto ni- vel de conexión, pueden describir con relativa facilidad partes del recuerdo elegido en ese momento, por ejemplo; que estoy en la playa, que hace sol, pero no hace calor, que hay edificios de fondo, que mi actitud es alegre o de juego y que estoy acompaña- da por una niña o niños. Pero en su caso fue distinto…
Al principio empezó a describir una playa, arena… Pero de re- pente cambió. Empezó a describir un recuerdo que estaba guar- dado en lo más profundo de mi subconsciente, tratando de es- conderse incluso de mi consciente. Era un recuerdo donde yo había tenido una experiencia altamente traumatizante, y bajo ningún concepto le apetecía recordar a mi parte consciente, y él empezó a describir el lugar donde ocurrió, sabiendo que era una planta de un piso de edificios muy altos, donde ocurría una ac- ción violenta. Dio todo tipo de detalles sobre ese suceso, como descripciones del lugar, de las vistas, incluido mi sentimiento hacia lo que ocurrió…
En aquel momento quedé tan sacudida como acompañante que creí conveniente dejar la sesión ahí. Realmente ese recuerdo solo lo había compartido con dos personas, así que era imposible que pudiera conocerlo con ese nivel de precisión, realmente era como si hubiera estado allí.
Con el paso de los días comprendí que era justo lo que necesita- ba para poder darme cuenta de que debía observar lo que había ocurrido, sentirlo de nuevo y poder sanarlo, hablarlo sin tabúes.
Unos días después, David me compartió que tiene una facili- dad para ver y sacar a la luz aquellas experiencias que las perso- nas necesitan sanar. Y de hecho así fue.
En unas sesiones posteriores y después de hacer un intenso ejercitamiento visual, David empezó a conectar con su intuición de forma más visual. Empezó a ver una luz blanca, y él creía que era luz de fuera que le entraba por el antifaz. Hicimos algunas comprobaciones y realmente podía ver algunos movimientos con las manos, pero no podía lograr decir de dónde venía la luz. En la siguiente sesión seguía teniendo dudas, a pesar de poder diferenciar más cosas por esa luz, así que en la tercera sesión que veía esa luz, preparé un espacio anexo. En la habitación de al lado puse dos pelotas de color verde y amarillo y cerré las per- sianas, las cortinas y la luz.
Cuando empezamos la sesión y se colocó el antifaz, le expliqué que en la habitación de al lado había dos pelotas encima de la mesa y tenía que conectar con su intuición y decir de qué color eran. En realidad lo que me interesaba no eran los colores de las pelotas, sino ver si cuando iba a la habitación oscura, seguía viendo luz. Así que lo que él me dijo es que eran de color rojo y blanco (que para él tenía una explicación), y le invité a ir hasta la habitación de al lado con el antifaz puesto para coger las pelotas y comprobarlo. Cuando llegamos a la otra habitación me aseguré de cerrar la puerta y quedamos totalmente a oscuras, yo no podía ver absolutamente nada. Entonces le pedí que cogiera las pelotas y las mirara una a una con su luz. No solo afirmó seguir viendo su luz, sino que vio el color amarillo y el verde de las pelotas.
Realmente muchas veces los alumnos afirman tener dudas so- bre esta luz interna, tal vez sea por las creencias propias, pero cuando suceden cosas así, nos reafirman que podemos seguir creyendo en nosotros mismos y en nuestras capacidades.
CAPÍTULO VI CASO X
Bianca – Adulta / Acompañante: Tània
Bianca es una mujer sabia, consciente, que se permite seguir aprendiendo siempre, seguir observando el entorno y a ella mis- ma. Ella se dedica al ámbito de la sanación, y esa sensibilidad es lo que le ha facilitado tanto el poder percibir el entorno. Su persistencia, constancia y ganas de conectar con la vida, le han permitido poder dar presencia a su intuición.
Cada sesión con ella es sorprendente, y pasan cosas que como acompañante no habría esperado. Además, su Visión Intuitiva es única, es un caso precioso de explicar precisamente por su singu- laridad.
Ella quería ver sin sus ojos igual que hacen los niños, como si fuera en directo, pero su visión en ninguna sesión ha sido así, sino que ha sido de modos tan variados que eso es lo que la hace especial.
Ella a veces puede ver como si fuera en un negativo, como si todo fuera en blanco y negro, pero en invertido. Además, ella relata que cuando se coloca el antifaz lo ve todo, y ciertamente si yo me muevo o muevo una parte del cuerpo, ella puede decirlo con exactitud. Es capaz de ver contornos, decir donde está una lámpara y si está en- cendida o apagada… A pesar de ello, al cabo de unos 5-10 minutos esta visión desaparece, por lo que se tiene que quitar el antifaz y volverlo a colocar al cabo de un rato para poder volver a ver.
Otros días esto no sucede, pero, en cambio, es capaz de ver con nitidez una tarjeta que yo he escondido en la habitación de al lado, nombrando las formas y los colores con exactitud.
Otros días la información se le agolpa toda una encima de la otra, y es capaz de ver las imágenes de un libro o los números de una tarjeta, pero uno encima del otro.
Otros días me sorprende totalmente, ya que trabajando con for- mas simples o colores, me dice que le he dicho yo la respuesta por telepatía, y que al escucharme, ¡lo ha sabido!
Es cierto que su Visión Intuitiva no es como la que podría tener un niño que va en bici con los ojos tapados, aun así, siento que es absolutamente genial poder experimentar la consciencia de modos tan distintos.
CASO XI
Ainet – Adulta / Acompañante: Tània
Si hay alguna persona que pueda ser feliz, profundizando en la vida y experimentando como si todo fuera nuevo, esta es Ainet. No sabría cómo describir nuestro encuentro, digamos que es una chica que se conoce, que se escucha y que tiene un gran equili- brio en la vida permitiéndose momentos para todo. Además, ella es sinestésica, concepto que hemos trabajado anteriormente en este libro.
Si hay algo que recuerdo con cariño de las sesiones con ella, es la forma de tomar cualquier pequeña acción que ocurría en las sesiones para llevarlo dentro de sí misma y estudiarlo, viendo si le ocurría lo mismo en otras facetas de su vida. Esa capacidad de autoobservación es la que seguramente la ha llevado a poder lle- gar donde necesitaba. Realmente la Visión Intuitiva es una forma de conocernos a nosotros mismos desde otro punto de vista, de autoobservarnos y tomar consciencia. Y esa toma de consciencia es lo que nos lleva a la felicidad más absoluta de estar disfrutan- do de la magia del presente.
Como anécdota atípica, hubo una sesión en la que le colocaba encima de su mano abierta unas letritas de madera pequeñas, y ella debía decirme qué letra era y de qué color era. Ella acertó las letras, porque para ella cada letra tiene una sensación distinta por su alta sinestesia. Por el contrario, cuando le pedía por el co- lor, me dijo que para ella era muy difícil saberlo, porque para ella la letra A tiene un color ya establecido, y como no coincidía con el color de la letra de madera que sostenía, incluso se mareaba.