La antiley de Murphy

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Si algo puede salir bien, saldrá bien. Esta es nuestra antiley de Murphy, justo lo contrario de lo que dice la ley de Murphy. Y es que esta ley (la de Murphy), a pesar de no ser una ley aprobada ni en ninguna constitución ni en ningún libro de física, está tan instaurada en nuestras vidas que nos lleva al pesimismo crónico. Si en algún marco está instaurada, es en el de nuestras creencias. Y este marco es más potente que el legal o el científico. Esta ley, que seguramente nació ingenuamente como una broma, sin quererlo puede dictar nuestro destino. Si nos fijamos en las palabras de Gandhi, quizás esta afirmación toma más sentido.

“Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores. Tus valores se convierten en tu destino”. – Mahatma Gandhi

Ergo… de aquí nace nuestra “antiley de Murphy”.

Si tú crees que algo puede salir bien, tu destino será mucho más fructífero, exitoso y brillante que si crees que no.

Desde Intuitu, cada día creemos menos en las leyes y en las imposiciones y cada día más en la consciencia y en actuar desde el amor y la responsabilidad. Acompañamos a cada participante para superar estas creencias, heridas u obstáculos que nos impiden sintonizar con esta emoción de sentir “que todo está bien”.

Alguien se preguntará qué tiene que ver esto con la capacidad de ver sin los ojos. Y es una pregunta lógica de entrada. Parece que no haya relación, pero en realidad lo es todo. Pues si yo creo que no voy a lograrlo o que no voy a ser capaz, estamos actuando desde esta ley de Murphy. Estamos provocando el resultado.

Otros dirán: “Bueno… Simplemente cambio el mensaje. Sí que puedo, o todo saldrá bien.” Pero no es suficiente pensarlo. Hay que sentirlo. Hay que vivirlo desde el corazón. Por esto siempre trabajamos con técnicas de coherencia cardíaca, para aprender a crear emociones elevadas. Y cuando conseguimos sostener emociones elevadas, todo empieza a cambiar.

Es mágico ver cómo estadísticamente, por ejemplo, trabajando con un dado, cuando sientes que vas a lograr sacar el número que tú quieres y lo intentas muchas veces sintiendo esta alegría de que saldrá, de que todo es posible y que lo podemos conseguir, este número, estadísticamente, empieza a aparecer más veces de lo que sería probable.

Esto tiene que ver mucho también con el campo electromagnético que emite nuestro organismo. Cuando no estamos centrados, cuando no estamos bien, cuando emocionalmente estamos revueltos, el campo electromagnético de la persona se ve mermado. Esto lo hemos visto con aparatos de medición electrofotónica como el Bio-Well, o con aparatos de medición de coherencia cardíaca como el HeartMath. Sin embargo, cuando estamos bien, las lecturas muestran unos resultados distintos y es entonces cuando nuestras verdaderas potencialidades empiezan a florecer.

Joe Dispenza, por ejemplo, en su libro “Sobrenatural”, explica cómo es a través de este campo y de las emociones elevadas que podemos empezar a manifestar el futuro que queremos. Según él, de todos los futuros posibles, acabamos viviendo el que resuena con nuestro campo. Y aquí tanto la ley de Murphy como nuestra “antiley de Murphy” toman sentido. Si combinamos este trabajo de emociones elevadas con el trabajo de autoconocimiento que realizamos en las sesiones con nuestros participantes, el resultado es que no solamente los adultos conectan con su intuición y hasta algunos logran ver sin los ojos, sino que muchos de ellos manifiestan que su vida empieza a cambiar a mejor.

Así que tú puedes decidir a qué te acoges: a una ley que te limita o a una emoción elevada que despierte tu verdadero potencial. Y escojas lo que escojas, como diría Henry Ford, en ambos casos tendrás razón. ¿Tú qué escoges?

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